There are books that invent worlds and others that, through an imperceptible shift, manage to make us look at ours in a different way. The Empty Palace (Contrabando, 2026), the first novel by the poet Raúl Nieto de la Torre (Madrid, 1978), belongs to this second category. The future it imagines is so close to the present that almost everything is recognizable: algorithms, biometric data, artificial intelligence. It suffices to push some of these elements a little further for the apparent technological comfort to reveal its dystopian reverse.
El protagonista absoluto es Teo, responsable de Control e Incentivos de Icaria Solutions, una poderosa empresa logística. En su último día antes de jubilarse, debe instruir a su sucesor, un empleado de treinta y cinco años cuyo nombre nunca conocemos. El recién llegado mantiene una presencia espectral en toda la novela: pregunta, reacciona, pero jamás oímos su voz. Solo sabemos qué dice a partir de las respuestas de su veterano acompañante.
Esa restricción formal constituye uno de los mayores aciertos del libro
.
During the long handover day, Teo explains to the person who will take his position how delivery routes are supervised and how the rewards they receive are determined. The workers, reduced on screens to a letter and two digits, believe that their extra income corresponds objectively to their performance. Those who know the system know that this meritocracy is fictional: between effort and reward a deliberately substantial dose of randomness has been introduced that not even Teo can govern.
Un trabajador puede esforzarse una semana y recibir menos de lo esperado, o limitarse a cumplir y encontrarse días después con un incentivo especialmente alto. Se instaura así una lógica semejante a la de los juegos de azar: la incertidumbre induce a buscar reglas que permitan anticipar la siguiente prima. Los empleados alteran sus hábitos, ensayan estrategias, inventan supersticiones, se hacen amigos o enemigos del responsable de control y atribuyen a sus decisiones consecuencias que nunca tuvieron.
The protagonist emerges as a digressive, cultured, ironic man prone to turning any detail into a small theory about existence. He meanders about former colleagues, his father, a railway worker and poet, his mother, the founders of Icaria Solutions, and the people who for decades have passed through the logistics facility. In that flow of speech appears a name: Adriana, a worker with whom he had years earlier a clandestine relationship in his empty palace. The company was not supposed to know that Teo was emotionally tied to a subordinate whose work he supervised; Adriana, in turn, could not know the true logic of the reward mechanism. From that double concealment arises the most intimate core of the novel and also its main mystery.
Conviene no contar mucho más. Sí cabe señalar que Teo llega a sospechar que la inteligencia del sistema sabe más de lo que debería. Una serie de episodios de su pasado lo lleva a buscar a uno de los fundadores de Icaria Solutions, desaparecido desde hace años. La investigación abre un interrogante incómodo: hasta qué punto estamos dispuestos a asumir las consecuencias de nuestros actos cuando existe la posibilidad de atribuirlos a una voluntad ajena. The Empty Palace delves into the mechanisms of control, but also into responsibility and guilt.
La novela perdería eficacia si las cuestiones que plantea aparecieran desligadas de quien las cuenta. Teo puede hablar de Bioy Casares o Borges y, poco después, detenerse ante un impermeable amarillo que lleva veinte años colgado de un perchero. Esa convivencia entre la divagación intelectual y la atención a las cosas impide que el libro quede reducido a un relato de ideas. Frente a un sistema que codifica y deshumaniza a las personas, Teo devuelve constantemente a la narración cuerpos, familias, objetos, manías y recuerdos. Los empleados son S82 o J77 en una pantalla, pero detrás de esas combinaciones hay hijos que necesitan ir al dentista, adicciones, deudas y esperanzas. La abstracción del algoritmo tropieza una y otra vez con la obstinada materialidad de las vidas que pretende someter y ordenar.
Resulta decisiva la arquitectura formal elegida para narrar. The Empty Palace se inscribe en la tradición del monólogo dirigido a un interlocutor silencioso, un procedimiento que remite a The Fall, de Camus, y que Mohsin Hamid ha retomado con eficacia en The Reluctant Fundamentalist. En los tres casos, esa asimetría favorece la confesión y sitúa al lector en una posición muy cercana a la de quien escucha. También abre una incertidumbre difícil de resolver: no podemos saber hasta qué punto Teo interpreta correctamente las reacciones del hombre que tiene delante, dado que carecemos de una voz independiente que pueda confirmar o desmentir su relato.
Gracias a esta estructura, el traspaso del puesto va más allá de un simple trámite. Teo le confía secretos muy sensibles y convierte al sucesor en depositario de la misma carga moral que él se dispone a abandonar. El relevo profesional asegura así la continuidad del sistema y transmite, como una herencia forzada, una forma de ejercer el poder, mirar a los demás y administrar el silencio.
Escrito en una prosa pulcra y precisa, The Empty Palace alcanza sus mejores páginas cuando basta una anécdota o un recuerdo para revelar el mecanismo y dejar que el lector establezca las conexiones
. Algunas explicaciones restan ambigüedad a una ficción que gana fuerza al dejar zonas abiertas a la interpretación.
En su debut novelístico, Nieto de la Torre logra dos hitos difíciles: sabe exactamente desde dónde quiere contar su historia y consigue que una sola voz sostenga el relato de principio a fin. El monólogo de Teo, salpicado de humor y melancolía, permite al autor moverse entre la sátira, las contradicciones humanas, el amor y la confesión sin apartarse nunca de un personaje que acaba resultando más fascinante que el misterio que intenta resolver. Cuando Teo termina de hablar, queda una de las conclusiones más inquietantes del libro: los sistemas de control sobreviven porque siempre hay alguien dispuesto, o condenado, a ocupar la silla que otro deja.
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Author: Raúl Nieto de la Torre. Title: The Empty Palace. Publisher: Contrabando. Where to buy: Todos tus libros.