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Arthur Conan Doyle: Psychic Medium

If it had not been for his most universal character, the detective Sherlock Holmes, the writer Arthur Conan Doyle would have gone down in history as the staunchest advocate of Spiritualism, someone who, in the midst of the 20th century, sought to endow it with a scientific character—a move that scandalized bishops and drew reproach from scientists.

Espiritismo: Escritos en defensa del más allá por el padre de Sherlock Holmes es el título con el que El Desvelo Ediciones ha rescatado, en apenas un centenar de páginas, una veintena de artículos y textos breves de Conan Doyle en defensa del espiritismo, de sus aplicaciones prácticas para resolver crímenes, de la telepatía, de la materialización y del poder psíquico de los médiums.

Varios de los textos reunidos en este breve volumen se centran en resolver casos criminales históricos resueltos mediante visiones, sueños premonitorios o gracias al concurso de espíritus, unas aplicaciones del espiritismo que se enfrentaron con la absoluta incredulidad científica de la época.

Conan Doyle nació en 1859 y murió en 1930, y fueron precisamente los primeros tres decenios del siglo XX —los últimos 30 años de su vida— los que dedicó a la ferviente defensa del espiritismo, una actividad que intensificó tras la muerte de su hijo Kingsley durante la Primera Guerra Mundial. Por esta afición, su labor literaria no se limitó a Sherlock Holmes, personaje al que dotó de todas las cualidades derivadas de la racionalidad y del sentido común, sino que escribió más de medio centenar de artículos en defensa de médiums y espiritistas y varios libros sobre “investigación psíquica”, entre ellos The History of Spiritualism (1926).

El contraste entre el autor y su personaje más famoso es resaltado por los editores de Espiritismo cuando recuerdan que Sherlock Holmes fue “el detective racional por excelencia, el hombre que reduce el misterio a método, el caos a deducción y la superstición a evidencia”, mientras que la vida intelectual de su creador “discurrió en una dirección muy distinta”.

“Mientras Holmes desmontaba fantasmas con lógica impecable, su autor avanzaba hacia la convicción de que los muertos podían hablar con los vivos” advierte el editor Javier Fernández Rubio en la introducción de Espiritismo, para seguidamente relacionar la dedicación que puso el autor en las novelas del famoso detective con la necesidad de obtener recursos económicos con los que alimentar su verdadera pasión, el espiritismo. Fernández Rubio sostiene que esta inclinación de Conan Doyle no fue una extravagancia ni, mucho menos, una actividad marginal, ni un entretenimiento exótico sino “una certeza moral, filosófica” que defendió con una intensidad que llenó los últimos años de su vida, un periodo que ocupó dictando conferencias por medio mundo, invirtiendo grandes cantidades de dinero en campañas divulgativas y polemizando incluso con viejos amigos, con una pasión que puso en riesgo su propio prestigio y su legado literario por una causa que consideraba “vital para el futuro de la humanidad”.

El editor aconseja leer estos textos —artículos, cartas y reflexiones— sin fe ni ironía porque reflejan “el dolor desesperado de un hombre racional que se niega a aceptar lo evidente; un hombre culto, célebre e inteligente que llegó a la conclusión de que la frontera entre los vivos y los muertos no era infranqueable”, o sea, “un hombre que transitó por un camino errado”.


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