With a frenetic pace, driven by a joyous imaginative energy, written in a single narrative sweep, like the vast Ulysses, or Mrs Dalloway, the protagonist of Nosotras recounts her own literary baptism at a Sant Jordi festival where nothing is as it seems, and I mean it: nothing is as it seems. Mora toys with us constantly, persuading us that this is a novel, but it is not a novel. She convinces us that she will use a single narrative voice, but she does not do so either. We almost believe we have reached the limit of mischief that could befall a protagonist, but no—the story rises in a crescendo of narrative speed, aided by a structure without chapters or internal divisions, like a grand frame that completes itself as the action unfolds. And there is always room for more.
Nos ha acostumbrado Vicente Luis Mora a una literatura de calidad, y aún más, algo inusitado en estos días, a una metaliteratura de carácter reflexivo de la que da lecciones aplicadas en sus diferentes libros. Después del último,
El libro blanco:
Alfabeto de silencios,
nos invita a un nuevo proyecto en el que nada se parece a nada, incluso el aparato ecdótico, las notas al pie, abren la voz narrativa en los márgenes y solucionan cuestiones de la trama, aprovechando ese espacio liminal que estaba reservado para las aclaraciones más académicas, y que Mora convierte en subtextos fundamentales para lo narrado, hasta la utilización de la 2ª persona que trasmuta en un momento determinado hacia la primera persona sin menoscabo de lo que está contando. Todo esto, cuestiones técnicas de una novela, que están cohesionadas con la historia, y eso es lo verdaderamente difícil de conseguir,
que tanto los aspectos externos como los internos se armonicen y no queden virutas constructivas en la narración
.
He observado además una intensificación narrativa modulada por la dificultad de los hechos que le ocurren a la protagonista, una joven escritora, Coral Mengual, una filósofa de formación, provocadora y lenguaraz, que sufre los estigmas de su historia familiar, delirante, como lo es el ambiente en que se mueve; entre la Universidad, en la que pretende entrar como profesora, y el mundo editorial, ambas fuerzas intentan descentrarla, así como la tensión acumulada por la relación materno-filial pespunteada de falsedades y malentendidos.
Mora comienza cartografiando la superficie y las partes internas de un sector continuamente en crisis, el mundo editorial, autofagocitándose siempre, creando monstruos de mil cabezas, una carnicería humana en donde los individuos que escriben son movidos al azar de los intereses macroeconómicos, las ventas, las superventas y las cuchilladas traperas de los perfiles dibujados por Mora aquí. Los directores, los responsables, los puestos intermedios de las grandes editoriales son personajes descritos con desagrado. Todo discurre en una Barcelona metamorfoseada en un día de San Jordi que es capaz de aceptar a más hordas de caminantes y curiosos incorporándolos a la masa amorfa. Toda la cordialidad externa no es más que un intento por endulzar el daño que te van a infligir más adelante. Curiosamente, el mundo editorial, un mundo que, desde fuera está tan romantizado y parece tan afable en sus aparentemente sofisticadas tertulias y espacios donde entregar premios, pero que, en realidad, no es más que una de las herramientas que exhibe el poder, porque la crítica de Mora no se queda solo en lo editorial y su ecosistema enfermizo y viciado, continúa, como no puede ser de otra manera, afectando a la política, que es lo que sujeta la trama de esta historia: los grandes grupos editoriales como cuerpos armados de la ideología política. Ese es el entramado narrativo. Y Coral, su mensajera.
“Doce piezas de matanza eran expuestas frente a los comensales, mientras los matarifes de la FNAC, uniformados con ropa negra afilaban sus sonrisas. Se ofrecían dos bueyes presentadores de televisión, una vaca gallega famosa que iba a firmar sus memorias, un influencer con su libro de recomendaciones para tener éxito en redes sociales, dos vaquillas metaficcionales de Ediciones El Verdor, un jabalí ensayista de El Escape Libros, dos cochinillos de novela juvenil […], una cordera de libro infantil sumergible […], un percherón argentino en horas bajas […] un capón guionista y nuestras dos terneras, Delia Dacosta y Coral Mengual.”
Es curiosa también la elección de Coral Mengual, que, en un principio, se nos aparece como una chica joven, casi víctima propiciatoria, que intenta abrirse paso en un mundo masculinizado, pero vamos descubriendo, paulatinamente, que Coral, quizá no sea tan Coral y se convierte, por decirlo de una forma amable, en eso que se ha denominado en literatura un personaje “poco fiable”, o en otras palabras, en una bestia. Cuando lean esta maravilla de Mora me entenderán. Yo lo he hecho en unas pocas horas, con la sensación de que me estaba dejando algo por descubrir en cada página. Mora coge todas las piezas del puzle literario, pero en lugar de armarlo, lo que hace es ensancharlo, crear más piezas para que nuestra novela se expanda.
Desde el título, Nosotras ¡parece defender una explicación interna de la sororidad en literatura, debido también a la portada del libro, donde una chica tira de una pesada piedra en el desierto, y, sin embargo, esta historia tiene poco de sororidad, y sí mucho de crítica hacia una sororidad mal entendida. Coral no duda en hacer lo que sea por conseguir su plan: convertirse sí o sí en una afamada escritora. Ese es personaje que se ha construido, al menos, al que nosotros accedemos desde el otro lado del espejo narrativo.
Al mismo tiempo, la narración se ve festoneada por reflexiones de todo tipo sobre la actualidad, cuestiones académicas sobre la construcción de una novela, sobre política, y el fenómeno del kokeshi, la fascinación por el hermano muerto que aparece una y otra vez en el libro, componiendo una de las subtramas más fructíferas de esta narración, y que usted, querido lector debe encontrar, porque hablar más del kokeshi y de cómo le puede afectar a la protagonista, está fuera de lugar, como muchas otras cosas que me callo porque desvelarían el motivo último de este libro, tan original como necesario. Mora también inventa un nuevo tiempo verbal y lo usa con su conjugación: el futuro del pasado; o acuña nuevos verbos como Megustar, procedente de las redes sociales en las que todos, de una forma u otra, andamos inmersos.
En un mundo editorial descabellado, donde vale más lo viral que lo escrito: la imagen reproducida por los grandes oráculos de los tentáculos sociales, que la calidad literaria, como puede verse continuamente en los escaparates de las librerías y en los espacios, cada vez más, virtuales de compra y venta literaria, y con un intento de asalto por parte de la IA para destruir todo talento literario. Nimiedades.
Esta novela no lo es. Se lo advierto.
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Autor: Vicente Luis Mora. Título: Nosotras. Editorial: Galaxia Gutenberg. Venta: Todos tus libros.